Abraham W. Barrera Bakit

Pastor Cristiano Evangélico

SOLO DIOS ES DIGNO DE RECIBIR ADORACIÓN

SOLO DIOS ES DIGNO DE RECIBIR ADORACIÓN

Abraham W. Barrera Bakit

PASTOR

 

Apocalipsis 4:11.- “Señor y Dios nuestro; tú mereces que te alaben, que te llamen maravilloso, y que admitan tu poder.  Porque tú creaste todo lo que existe; gracias a ti, todo fue creado.”

 

            Nosotros adoramos a Dios porque ÉL es digno. El ser digno significa “merecer” o “tener derecho”.  La Biblia claramente  enseña que el Señor tiene derecho al primer lugar en nuestros corazones y vidas.

 

            ¿Es malo adorar una piedra, un pedazo de madera tallada, una idea hermosa o un ángel poderoso? ¿Podremos hacerlo y todavía reservar el primer lugar en nuestros corazones para Dios?

 

            La historia bíblica nos cuenta de personas que creyeron en Dios, pero querían adorar algo que pudieran ver o imaginar en sus mentes.  Trataron de ser leales a dos causas a la vez.  Pero, al final ofrecieron  adoración y obediencia  a sus ídolos.  Jesús dijo: “Ningún esclavo puede trabajar al mismo tiempo para dos amos, porque siempre  obedecerá  o amará a uno más que al otro” (Mateo 6:24).

 

            Deseamos amar, servir y adorar a un Señor, el único que es digno.

 

EL GRAN PODER DE DIOS

 

            Cuando Jesús les enseñó a sus discípulos a orar, hizo referencia al poder de Dios.  El dijo según Mateo 6:10: “Ven y sé nuestro único rey.  Que todos los que viven en la tierra te obedezcan, como te obedecen los que están en el cielo.”

 

            ÉL nos dio un vistazo del cielo.  Allí los ángeles sirven a Dios quien con su sola palabra crea mundos.  A veces nos olvidamos de su poder porque vemos que otros poderes aparentemente  llevan el control.  Pero hemos de recordar que puede permitirle al hombre hacer su propia voluntad por un tiempo, pero ÉL nunca ha perdido su poder.  Apocalipsis 4:10 dice que muchos pondrán su corona (símbolo de poder) a los pies del Señor.  Todo el universo lo aclamará como Señor.    

 

            El Salmo 93:4 dice: “Pero tú, en el cielo, te muestras más poderoso que el rugido de los mares; ¡más poderosos que las olas del mar!”  No hay límite de su presencia, ni de su conocimiento (Salmo 139:3-10; Job 28:23-24).  El puede desatar los fuertes vientos o calmar  el mar tempestuoso.  Por su poder el lirio se abre paso por la tierra y florece tan puro y blanco.

 

            Toda la naturaleza muestra su poder y los ángeles del cielo están listos para hacer su voluntad.  Con mayor razón nosotros debemos  confiar en su amor y cuidado.  Estamos más seguros en ÉL  que en cualquier otro lugar.  Puede cambiar el curso de la historia y con su mismo poder obrar en nuestras vidas y a través de ellas.  A medida que reconocemos su poder y le alabamos por él, aumenta nuestra fe.  Nos damos cuenta de lo limitados que verdaderamente somos sin su ayuda, y nos disponemos a recibir de ÉL.

 

LA SANTIDAD DE DIOS QUE INFUNDE REVERENCIA

 

            Quizá usted recuerde haberse puesto un vestuario de un color bajo o claro.  Pero, cuando se paró junto a algo muy blanco, se dio cuenta de que su vestuario estaba sucio y manchado. ¿Recuerda cómo se sintió?

 

            Así se sintió el profeta Isaías.  Sabía que Dios es santo.  Que la santidad significa ser libre del pecado, ser recto en todo.  Pero un día pasó por una experiencia, una visión en la cual vio criaturas  celestiales clamando: “Santo, santo, santo es el Dios único de Israel, el Dios del universo ¡Toda la tierra está llena de su poder!”  El sonido de sus voces hizo temblar los cimientos del templo.  De repente Isaías se dio de cuán indigno era de estar en la presencia de Dios.

 

            ¿Qué podía él hacer?  Era impuro y lo sabía.  El clamó: “¡Ahora sí voy a morir!”

 

            Entonces una de las criaturas tocó sus labios con una brasa que había tomado del fuego del altar y quitó su culpabilidad (Isaías 6:1-6).

 

            ¿Qué significa la visión para Isaías y para nosotros?  Que Dios es tan limpio, tan puro y santo que no tenemos derecho de estar en su presencia.  Es decir, no tenemos derecho si nos basamos en nuestra propia justicia.  No podemos alcanzar el nivel que desea, pero puede tocarnos y limpiarnos.  Entonces no hay nada que temer.  No necesitamos sentir temor en su presencia.

 

            Sin embargo, experimentamos otra clase de temor: el temor de Dios que se caracteriza por una profunda reverencia, un gran sentido de respeto.  Este no tiene nada que ver con el temor o el miedo.  Más bien nos hace darnos cuenta de cuán grande es ÉL y cuán indignos somos nosotros.  Esto es lo que significa Isaías 8:13: “Yo soy el Dios todopoderoso y es a mí a quien deben adorar y temer”.

 

            Dios también dijo en Malaquías 3:6: “Óiganme, israelitas: Si ustedes no han sido destruidos es porque yo soy Dios todopoderoso y mi amor no cambia.”  Es un Dios de poder y de santidad, por lo que podemos confiar en que ÉL nunca cambiara.

 

            Hebreos 12:28-29.- “Gracias a Dios, el reino que él nos da no puede ser movido.  Por eso debemos adorar a Dios con el amor y la honra que a él le gusta recibir” “porque nuestro Dios es como un fuego destructor.”

 

 

 

 

EL AMOR PATERNAL DE DIOS

 

            Los israelitas que habían vivido durante el tiempo de los reyes y profetas habían aprendido muy bien la primera parte de esta enseñanza.  Ellos sabían del gran poder de Dios y de su santidad.  Habían visto una columna de fuego por la noche y habían temblado cuando los truenos y relámpagos estremecieron el Sinaí.  Dependían del sumo sacerdote para que entrara en el lugar santísimo de su tabernáculo o templo e intercediera ante Dios por ellos.  Temían acercarse a ÉL.

 

            Pero Dios no quiere que pensemos en ÉL como alguien muy lejano a quien no nos podemos acercar.  Ama tanto a la humanidad que mandó a su Hijo Jesucristo para reconciliar el mundo consigo mismo.  El pecado lo había cambiado todo como si una pared se hubiera erigido entre Dios y el ser humano.  El pecado tenía que ser expiado y restaurada la comunión entre Dios y el humano ser creado por ÉL.

 

            Cristo hizo esto último por medio de su muerte en la cruz: Hebreos 10:19-22.- “Hermanos, la sangre que Jesús derramó al morir nos permite ahora tener amistad con Dios, y entrar con toda libertad al lugar más santo.” “Pues cuando Jesús murió, abrió la cortina que nos impedía el paso.  Pero ahora Jesús está vivo, y por medio de él podemos acercarnos a Dios de un modo nuevo y distinto.” “Él es nuestro gran sacerdote, encargado del santuario que está en el cielo.” “Por eso, mantengamos  una amistad sincera con Dios, teniendo la plena seguridad de que podemos confiar en él.  Porque Cristo nos dejó limpios de pecado, como si nos hubiera lavado con agua pura, y ya estamos libres de culpa.”

 

            ¿Qué piensa usted cuando oye las palabras “Dios el Padre”? ¿Piensa en un juez duro, un líder cruel, o un dictador? ¿Lo hace sentirse nervioso o miedoso?

 

            Algunas personas experimentan este sentir debido a una niñez muy triste o a la memoria de un padre cruel.  Dios conoce todos nuestros pensamientos y con mucho cuidado nos ha hecho saber que su amor es aun mayor que el de un padre o madre terrenal; superior al del mejor padre sobre la tierra.  El rey David, inspirado por el Espíritu Santo, dijo: “Mis padres podrán abandonarme, pero tú me adoptarás como hijo.”  Aunque David había crecido en un hogar seguro, sabía que el amor humano podía fallar.  Pero el amor de Dios nunca fallará.

 

            En el Salmo 103:13 leemos: “Con quienes lo honran, Dios es tan tierno como un padre con sus hijos.”  Podemos pensar en el más cariñoso de los padres terrenales y comparar a Dios con ellos, pero en un grado mucho más alto.

 

            El niño que confía recurre a su tierno y amante padre cuando siente temor y necesita seguridad.  Va a su padre cuando necesita ayuda, cuando tiene hambre, cuando está solo, cuando experimenta problemas.  Va a su padre cuando necesita alguien con quien hablar y compartir lo que ha ocurrido en el día.  O quizá no desee hablar, sino simplemente  estar cerca de su padre escuchando, por si acaso su padre tiene algo que decirle. 

 

            Dios quiere que nosotros experimentemos  esta misma relación de padre e hijo.  Quiere que nos sintamos seguros al acudir  a ÉL.  El apóstol Pablo sabía esta verdad y escribió en Romanos 8:15.- “Porque el Espíritu que Dios les ha dado no los esclaviza ni les hace tener miedo.  Por el contrario, el Espíritu nos convierte en hijos de Dios y nos permite llamar a Dios: ¡Papá!”

 

            Cuando Pablo escribió estas palabras, usó el término arameo Abba para referirse al Padre.  Este era el nombre que usaban comúnmente los niños cuando se dirigían  a sus padres terrenales.  Su equivalente en español sería “papito”.

 

            ¿Qué nos indica lo anterior sobre la adoración?  Dios nos ama tanto que desea establecer la relación más estrecha posible con nosotros.  En verdad ÉL es digno de toda la alabanza y la adoración que le podamos dar.  Cuando fallamos en la adoración a nuestro Señor, nos hacemos daño a nosotros mismos.  Peor aún, le hacemos daño a nuestro amante Padre celestial.

 

            Quizá debamos hacernos unas preguntas: ¿Me porto con Señor como si fuera un extraño? ¿Lo ignoro y sigo mi propio camino? ¿O empiezo cada día en comunión con ÉL y alabanza a ÉL?

 

            Si usted no pudo contestar como lo hubiera deseado, puede inclinar su cabeza ahora mismo y pedirle perdón a ÉL.  ÉL lo está esperando.

 

            A medida que usted entra en comunión y adoración gozosa con Dios, lo sentirá muy cerca.  Y cuanto más lo adore, más fácil le será practicar la adoración, ya que se convierte en parte integral de su vida… una vida más rica y más plena.

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mayo 19, 2013 - Posted by | General

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